Jon Jenkins: "Me sorprendería mucho que no hubiera vida en otros planetas"

El País 2018-08-19

En 1937 el escritor británico Olaf Stapledon publicó Hacedor de estrellas, uno de los textos imprescindibles de la historia de la ciencia ficción, inspirador de multitud de historias e incitador de vocaciones literarias. De esta novela Jorge Luis Borges afirmaba que "una prodigiosa novela, un sistema probable o verosímil de la pluralidad de los mundos y de su dramática historia". Y Arthur C. Clarke aseguró que era"probablemente, la más poderosa obra de la imaginación de todos los tiempos". Lo que ha fascinado a tantos lectores que hoy siguen acercándose al texto de Stapledon es la maestría con que el escritor se acerca a uno de los misterios que siempre ha acompañado al ser humano: ¿estamos solos en el universo o hay otras formas de vida más allá de nuestro planeta? En Hacedor de estrellas, un hombre se sienta a contemplar el firmamento una noche cualquiera desde lo alto de una colina y se pregunta por el sentido de su vida. Estas reflexiones son el inicio de un viaje fenomenal que le lleva a trasladarse con la mente desde la Tierra a los confines del universo, conectado con otras inteligencias y conociendo otras civilizaciones. Ese gesto, el de mirar hacia lo alto, ha sido realizado por millones de seres humanos desde tiempos inmemoriales.

"Cuando era niño -explica Jon Jenkins, científico de la NASA- me tumbaba en la hierba en las noches de verano y miraba hacia el cielo, preguntándome si habría planetas orbitando esas estrellas. Y de ser así, ¿habría en ellos seres tumbados en la hierba mirando al cielo en nuestra dirección haciéndose la misma pregunta?".

Seguramente aquellas cuitas infantiles son las que llevaron a Jenkins a convertirse en lo que es hoy: el responsable de centro de procesamiento de datos de las misiones Kepler y TESS, ambas enfocadas al descubrimiento de nuevos exoplanetas. Lo asombroso es que, como el propio Jenkins detalla, cuando él era un niño (en realidad hasta hace más o menos 20 años), los únicos planetas de los que teníamos evidencia de su existencia eran los pertenecientes a nuestro sistema solar. Hoy, en cambio, podemos situar en el espacio más de 1.500 planetas distintos. Esta diversidad ha sorprendido incluso a los astrónomos, quienes además han descubierto que nuestro sistema solar no es tan extraño dentro del universo, pero tampoco es la norma general. Este gigantesco salto en el conocimiento del espacio se debe a la misión Kepler en la que Jenkins ha estado trabajando y gracias a la cual ahora "sabemos que hay planetas por todas partes". Y si esto es así… claro, la siguiente pregunta es la que nos llevamos haciendo siglos: qué hay en esos planetas. ¿Tan sólo gases y minerales? ¿Tal vez también agua? Jenkins lo tiene claro: "Hay ciento cincuenta mil millones de estrellas en la galaxia, eso significa que debe de haber quinientos mil millones o un billón de planetas. Así que me sorprendería mucho que no hubiera vida en ninguno a excepción de la Tierra".

Si eso que bulle allá arriba es sólo una bacteria o un ser dotado de inteligencia que en las noches de verano se pregunta si tendrá semejantes en el espacio exterior nadie es capaz de demostrarlo. A no ser que, como Stapledon, seamos capaces de viajar con la mente.

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