Alojamientos alteños generan peligro e inseguridad

CASOS. Recientemente, de alojamientos alteños fueron rescatadas adolescentes que eran retenidas, con fines de explotación sexual.

En mayo de este año, una adolescente de 16 años fue rescatada de un alojamiento de El Alto, cuando era retenida y explotada sexualmente por un adulto con antecedentes penales. Poco antes, otra menor de tan sólo 14 años fue liberada de su captor, cuando éste la retenía en un establecimiento de hospedaje similar, con fines de trata y tráfico.

Otros numerosos hechos delictivos ocurrieron en alojamientos de El Alto, de los cuales varios terminaron con la muerte de personas y la detención de peligrosos delincuentes.

Los antecedentes mencionados muestran el peligro e inseguridad que se generan en los numerosos alojamientos, cuando éstos no están sujetos a un permanente y estricto control.

Pese a ello, en El Alto la proliferación de estos centros de hospedaje continúa y, en la mayoría de los casos, sin la licencia de funcionamiento correspondiente para que puedan trabajar en el marco de lo establecido por la legislación.

Están ubicados uno al lado de otro, frente a frente y a lo largo de varias cuadras. No sólo ofrecen servicios de hospedaje, pues funcionan también como moteles, bares y hasta son utilizados por delincuentes como refugios.

Según la dirigente vecinal de Villa Dolores, Fátima Machaca, sólo en esa zona se verificó la existencia de más de 150 alojamientos, muchos sin licencia, donde se esconden malvivientes, pandilleros y jóvenes de ambos sexos, que alquilan habitaciones por horas o días; para dedicarse a beber, lejos del control de sus padres y de las autoridades.

El máximo dirigente de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto, Sandro Ramírez, no sólo confirmó esos extremos, sino también agregó que se trata de una cifra mayor, si a los alojamientos de Villa Dolores se añade los que funcionan en el resto del centro alteño.

Sin embargo, aclaró que no se tiene un número siquiera aproximado, debido a que cuando se solicitó esa información al secretario municipal de Seguridad Ciudadana, Dorian Ulloa, éste no acudió a la convocatoria de la Fejuve.

“Sabemos que son centenares, pero no podemos decir cuántos. Para eso hemos convocado al señor Ulloa y ni se apareció en la Fejuve”, lamentó Ramírez.

El dirigente vecinal manifestó su preocupación por la proliferación de alojamientos ilegales en El Alto y recordó que ya son varios los hechos delictivos, registrados en ese tipo de establecimientos, de los que incluso se rescató a menores que habían sido reportadas como desaparecidas y fueron halladas en compañía de delincuentes.

SON ALOJAMIENTOS Y BARES

Sandro Ramírez añadió que, en muchos casos, alojamientos con o sin licencia funcionan cerca de escuelas y colegios, “lo que no debería ser”.

También aseguró que en El Alto, un negocio conocido es abrir un bar y en los pisos superiores del mismo inmueble, un alojamiento.

“Eso es sabido: abren un bar en el primer piso y a partir del segundo piso, el alojamiento o hay puertas que dan del bar al alojamiento. Eso se ve en todas partes de El Alto”, manifestó.

OPERATIVOS

El comandante regional de la Policía de El Alto, Cnl. Julio Cordero, reconoció que los alojamientos, especialmente, clandestinos o sin licencia, en muchos casos funcionan como bares y se han convertido en focos de inseguridad.

“Así es: alojamientos funcionan como bares, van camuflando las bebidas. Por eso le digo que, desde marzo hasta la fecha, hemos clausurado 220 bares clandestinos”, enfatizó Cordero.

La autoridad policial afirmó que los operativos se realizan continuamente y que se intensificarán por las fiestas de fin de año.

“Para eso son los operativos, para poder controlar, cerrar o clausurar bares y otros establecimientos clandestinos que funcionan en forma ilícita”, añadió.

Vecinos de las calles Jorge Carrasco y de las avenidas Franco Valle y Raúl Salmón e inmediaciones, coincidieron en que de los alojamientos se ve salir permanentemente a parejas y grupos de jóvenes en completo estado de ebriedad, incluso con mochilas y cuadernos.

En todos los casos, rechazaron ser fotografiados o identificados, según dijeron, por temor a sufrir represalias de los propietarios de alojamientos y bares.

Se intentó conocer la versión del secretario municipal de Seguridad Ciudadana, pero en su oficina se informó que éste había salido a realizar operativos.

   
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