Un estanque de agua es ahora un gran Museo

CULTURA . El centro, ubicado en ciudad Satélite, tiene nueve salas de exposición, biblioteca y un auditorio con capacidad para 90 personas.

Tras una lucha de doce años, con diferentes autoridades municipales, el 29 de mayo de 2002, por fin nace el primer museo en la ciudad más joven del país. El responsable de la institución, Luis Miguel Arellano Apaza, sostiene que todas las obras, entre pinturas, esculturas y piezas arqueológicas, están valuadas en más de un millón de dólares.

En la década del 70, el plan 561 de Ciudad Satélite contaba con un estanque que suministraba agua potable a las viviendas de dicha zona, en los años 90 dejó de funcionar.

“El estanque nos  proveía de agua, la mayoría somos del centro minero Milluni, cuando se pobló el estanque quedó abandonado; incluso personas antisociales iban a dormir, lo que provocaba miedo en los vecinos”, comenta Flora Chambi.

Tío”  Antonio

Antonio Paredes Candia nació el 10 de julio de 1924, fue un notable escritor, investigador, titiritero y músico; desde muy pequeño se interesó en la cultura, gracias a la influencia de su madre.

En las décadas de los 40 y 50 recorría lugares alejados del país llevando un atado de libros para enseñar a familias aimaras que no tenían acceso a la educación. Fue así que descubre el interés de los niños, jóvenes, adultos por la literatura y decide fundar las ferias culturales populares, en las cuales él mismo salía a vender libros a la calle, a bajos costos.

El Museo de Arte Antonio Paredes Candía cuenta con nueve salas de exposición, biblioteca y un auditorio con capacidad para 90 personas.

Fanny Rosario Barrón Huet  (54) responsable de la biblioteca, cuenta que conoció al escritor cuando ella tenía 10 años, lo recuerda como una persona muy sensible y sencilla.

“Siempre lo veía tomando sol en su mecedora, con su bufanda y su paraguas como todo un caballero antiguo, me parecía solitario, amaba mucho a los niños; nos hacía sentar alrededor de él y nos contaba cuentos y nosotros encantados escuchábamos sus relatos”, menciona Barrón.

La bibliotecaria ahora custodia gran parte de sus libros más preciados y afirma con tono nostálgico que para ella es un orgullo trabajar en el sueño dorado de don Antonio.

“La biblioteca cuenta con 14.680 libros, él donó 11.520, aún lo recuerdo con mucho cariño, todos le decíamos hola tío Antonio – hay mis niños-  nos decía.”

Paredes fallece el 12 de Diciembre del 2004, a raíz de un cáncer hepático, sus restos se encuentran en el jardín de su museo, como lo quiso en vida.

Su legado

Huáscar Paredes Candia, es el único hijo del escritor, tiene 69 años, es originario de la provincia Camacho, fue adoptado cuando tenía ocho años, se dedica a la venta de libros cerca al juzgado, estudió  sociología y derecho,  también fue dirigente sindical de la FEJUVE de El Alto (Federación de Juntas Vecinales).

Su padre en un principio se opuso a su decisión, pero después lo apoyó  y le recomendaba sobre todo honestidad.

“Como vine del campo, no hablaba castellano, sólo aimara; no sabía leer, pero tuve buenos profesores como Juan Albarracín Milán, Alipio Valencia Vega, entre otros, quienes me daban consejos de cómo se debe leer. Mi primer libro fue Cien Años de Soledad, pero no lo entendí, la tercera vez que lo leí recién logré comprender la obra”, recuerda.

Su niñez se desarrolló en medio de una biblioteca y vio crecer el  museo que poco a poco iba armando su padre, en ese entonces vivía frente a la ex Estación Central, ahora se siente orgulloso de ser alteño, ya que cuenta con una vivienda en la zona de Villa Ingenio.

Huáscar cuenta que la primera vez que vendió obras literarias junto a su padre, fue en la avenida Camacho, en la puerta del edificio Osorio, ahora Banco Nacional, y fue un  éxito.  Lo que hacían era comprar textos usados y los vendían a bajos costos,  así viajaban por todo el país ofreciendo libros.

Lo que más recuerda de su padre era el cariño que tenía a los niños, y lo metódico que era en su vida. Su rutina estaba bien marcada, después del almuerzo solía dormir hasta las cinco de la tarde, visitaba su puesto de libros, llegaba a su casa, ponía música selecta y se quedaba escribiendo o leyendo hasta la madrugada; no cenaba, sólo tomaba un matecito en la noche.

“Hasta ahora mi papá tiene 110 libros publicados, pero aún tiene más inéditos que están en mi poder; espero publicarlos muy pronto, no lo hago por falta de dinero”, comenta.

Siguiendo las enseñanzas de su padre, Huáscar es también un feroz lector y cuenta con una biblioteca que ya sobrepasa los 25 mil ejemplares, espera muy pronto sacar un libro con las reseñas y anécdotas que tuvo como dirigente sindical.

   
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